miércoles, 10 de octubre de 2012

Columna XV

Los "te quiero" siempre van en pareja.

En las películas porno suele haber dos tías y un tío, como en la vida, siempre hay una que acaba siendo follada hasta el más placentero orgasmo mientras que la otra otra solo se dedica a lamerle el ojete al follador depilado. Puedes llegar a sentirte así cuando te dedicas en cuerpo y alma a ser lo más perfecto para alguien pero en cambio solo recibes mierda y negativas contradictorias. No entiendes el por qué, pero tampoco te enfadas y vomitas contra el mundo porque es parte del plan, subordinarse hasta ver los sueños hechos realidad, aunque a veces, hasta con el no asegurado aún nos cuesta arriesgar.

Un día recibes una llamada que crees que cambiará tu vida, al otro lado está Dios enredando el cable del teléfono y jugando tímidamente con las palabras, pero ocurre que no cambia nada o el cambio no ha producido el resultado esperado. Pasan los días y el sol marchita la precoz felicidad como un fino tallo en la más bonita pradera. El tallo se vuelve quebradizo y se preocupa por su futuro. Vuelves al mismo estado de decadencia y te preguntas hasta cuándo vas a mantener la promesa de no ser igual que los demás.

¿Cuánto tiempo vas a dejar esas palabras pudriéndose en tu mente? Cuando vayas a sacarlas quizá hayan perdido valor, incluso sentido.

"Hagas lo que hagas no seas otro puto ladrillo en el muro". Y no tengo pensado serlo.

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